viernes, 29 de junio de 2007

Prohibido ingresar con gorilas

En pleno barrio de San Telmo se alza El General, un restaurante bar cultural donde todas las noches se juntan a cenar y discutir sobre política los “compañeros peronistas” porteños y también algún que otro turista curioso llamado por lo pintoresco del lugar, ambientado en los años cincuenta.

Antes de entrar, un cartel advierte sobre la posibilidad de que un comensal pueda toparse con algún ángel: con uno que se llama Juan Domingo quizás, o con otro que se llama Eva. Todo es posible.

Mesas, sillas y cubiertos de la época decoran el amplio salón dividido ¿casualmente? en dos: izquierda y derecha. Al fondo se encuentra un sector exclusivo: mesa larga y en cuya cabecera hay un gran cuadro de Juan Domingo Perón. Según el mozo, ahí se suelen sentar los sindicalistas.

Las paredes estás cubiertas por fotos, cuadros y afiches que llaman la atención con leyendas como “Otorgamiento de créditos al exterior en el año 1948”, donde además se mencionan algunos países europeos a los cuales Argentina les prestaba dinero en aquella lejana época.

La ironía sobre el peronismo dice presente en el menú y su “parrilla al parquet”, en alusión al material que, según los anti-peronistas, usaban los “cabecitas” para hacer asados. Además, se aclara que como “los niños son los únicos privilegiados”, El General los invitará con helados: una excelente noticia para los peronistas del futuro.

Los que estén atentos pueden llegar a escuchar de fondo la famosa Marcha Peronista de Hugo Del Carril, y si se saben la letra, pueden ponerse de pie y entonarla juntos a otros “compañeros”, como suele ocurrir en algunas particulares noches festivas.

Cenar en el restaurante El General es diferente. Muchas cosas pueden pasar: desde presenciar acaloradas discusiones sobre si el actual presidente Néstor Kirchner es peronista o no, hasta toparse con Carlos Saúl Menem o Eduardo Duhalde. Queda a criterio del comensal si desea o no helado gratis para su hijo.

2 comentarios:

  1. Lo irónico sería q ese lugar se llene hasta las manos.

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  2. El presidente actual era peronista, hasta que el viejo lo echó de la plaza, como a tantos otros. Desde aquél entonces, Kitchenet anda como bola sin manija, herido como un hijo no reconocido. Lamentablemente, ha perdido su rumbo; tanto así, que hasta llegó a reverenciar a Mendez.
    El peronismo, querido amigo, murió con Perón.

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