El sexo vende, no es ninguna novedad. Basta pasar por un kiosco de revistas y ver la cantidad de publicaciones con mujeres casi desnudas en sugerentes poses para darse cuenta. O navegar por internet y ver la pantalla inundada de estridentes avisos que llevan hacia sitios subidos de tono o directamente pornográficos. O abrir el correo electrónico y recibir varios mensajes con ofertas de medicamentos contra la impotencia masculina. O encender el televisor y ver eróticas coreografías de baile alrededor de un caño. Situaciones como éstas hay muchas, y todas no hacen más que confirmar que el sexo es un excelente negocio.
Sexo + Internet = Dinero
Pongamos por caso la vasta cantidad de mujeres, hombres y travestis que, mediante un simple pago mensual al sitio web “Gemidos”, ofrecen sus servicios sexuales a 60.000 navegantes diarios en promedio. “Empezamos poniendo los avisos de las chicas que aparecían en el diario, después nos propusimos confirmar que las chicas de esos avisos que nosotros publicábamos estuvieran verdaderamente en servicio. Entonces yo llamaba diciendo que era de una página de Internet y le preguntaba si el aviso que yo había puesto estaba bien, y se dio que algunas ya estaban al tanto de la página y directamente nos preguntaban a donde tenían que ir a pagar. Y bueno, se nos fue facilitando todo. Hoy en día tenemos 830 avisos y en ese momento teníamos 15”, sostiene el creador y dueño de Gemidos, dando una clara muestra de como ha ido creciendo últimamente el mercado sexual en el mundo, pero sobretodo en Buenos Aires.
Juguetes rabiosos
Martín, un proveedor de locales de venta de accesorios sexuales (sex-shops), afirma que: “De a poquito las mentes de las personas se van abriendo más y van conociendo, quieren saber como es. A veces por curiosidad, o por aburrimiento, por aventurar algo nuevo. Hace 4 años que me dedico a esto y puedo asegurar que creció la demanda, pero también creció la oferta, así que no podría decir que hay una mayor ganancia, más con el desastre del 2001. Pero igual cada vez hay más sex-shops como personas prostituyéndose, eso también se amplió.”
Según Martín, los productos que más se venden en Argentina (y específicamente en Buenos Aires) son los lubricantes, cuyos precios oscilan los 25 pesos. Le siguen las esferas anales (para saber para que sirven, use su imaginación y se dará cuenta enseguida), que van desde los 30 a los 60 pesos según su tamaño y material. La clientela femenina generalmente adquiere lencería erótica (algunos conjuntos superan los 150 pesos) y una gran variedad de consoladores: realísticos, vibradores, macizos, de doble penetración y hasta prótesis, cuyos precios van desde los 20 hasta los 80 pesos según su calidad.
Sin embargo, cuando de películas pornográficas se trata, Martín sostiene que: “Tenemos muchísimos títulos, pero no se venden tanto. Se venden muchos más juguetes que películas. Además siempre las podés conseguir gratis con la piratería, en vez de comprar un DVD original que cuesta 60 pesos –y agrega un tanto resignado- eso va en contra del negocio, pero así son las reglas de juego.”
No apto para menores
A cien años de la primera película pornográfica (casualmente producida en Argentina), ésta industria ve dividido su andar en dos caminos no necesariamente antagónicos: profesional y amateur, ambos afectados por la tecnología aunque de manera diferente.
Víctor Maytland, el precursor del cine porno nacional profesional, asegura que: “Si no se exporta, el porno no es negocio”, y agrega: “Una película promedio tiene un costo de producción que ronda los 10 mil pesos. Esa película se lanza en video para alquiler y venta. En total, se venden aproximadamente unas quinientas copias legales. Con eso se intenta pagar el costo de producción. Luego, la venta al canal Venus y los derechos de exhibición en el exterior son los que dejan un margen de ganancia. Pero para exportar es necesario hacer productos de calidad, significa correr un riesgo económico más alto.”
En la vereda de enfrente está Cristian, un jóven productor argentino que vio el negocio del cine amateur hace unos años y ahora se dedica a él casi exclusivamente. Con su cámara, sus conocimientos de computación y un par de jovencitas contratadas consigue hacer buen dinero vendiéndole producciones caseras a productoras españolas. “Lo que filmo lo pongo en la compu, le agrego música, lo compagino un poco y en cuatro o cinco horas termino. Subo todo al servidor de los gallegos que me encargaron este título y dentro de dos días tengo 900 pesos más en mi cuenta. Restale los 300 que me gasté en las chicas y me gané 600 pesos en un día de laburo”, sostiene Cristian con una sonrisa de oreja a oreja.
continúa en el próximo post ...
seguro que a tu admiradora secreta no le va a gustar tanto porque no es de amor....
ResponderEliminarq romantica la boludita.
se espera la segunda parte. es lo mas parecido a un informe q escribiste.
saludos.
gisi