Ladran Sancho, señal de que cabalgamos le dijo una vez el Quijote de la Mancha a su inseparable amigo. En la época que Cervantes escribía esas palabras los mutantes ni siquiera cabían en la imaginación de los más ilustres pensadores de entonces. Hoy, la investigación sobre ésta nueva raza avanza y comienzan a aparecer los ladridos: voces intentando ridiculizar a quienes buscamos la verdad y posibles mutantes infiltrados entre quienes queremos hacer saber a la población que los humanos no estamos solos.
El pasado fin de semana, este investigador se tomó un descanso en su ardua tarea y asistió al cumpleaños de Tin, su socio en esta lucha sin cuartel. El aniversario se llevó a cabo en un bar donde pululaban mesas de pool, billar y ping-pong, deporte en el cual éste servidor creía que se desempeñaba de manera aceptable.
Y digo “creía” por lo siguiente. El partido entre Martín Casanova y yo tenía como espectador a un octogenario señor de cabello blanco y anteojos cuyas lentes tenían el grosor de una tararira adulta. Al terminar el partido, el anciano inquirió por el ganador, o lo que le respondí que había sido yo. –Juguemos entonces- me dijo y se sacó los anteojos. Tengo que reconocer que, dejándome llevar por las apariencias, pensé que el partido iba a ser más fácil que levantar la tapa del inodoro.
La primera pelota que le tiré me la devolvió a 100 kilómetros/segundo por sobre la velocidad de la luz, haciéndome quedar como un perfecto imbécil. Luego de cuatro pelotas más, con sus correspondientes iguales devoluciones le tocó sacar. –Ahora lo cago- pensé, pero nuevamente estuve equivocado. Si bien su saque fue similar al que podría haber realizado mi sobrina de 4 años, el suyo venía con un efecto que impedía una correcta devolución y, en algunos casos, impedía la devolución directamente.
Cabe destacar que todos los puntos iban acompañados de un gestito del anciano: una guiñada de ojo a la platea femenina, un sonrisa socarrona al adversario o bien una displiscente postura como diciendo “mirá como te gozo en la próxima”. Afortunadamente no fui el único que sufrió ésta humillación, ya que Casanova también quiso comprobar su nivel con el octogenario campeón y no sólo fue humillado, sino que además quedaron registros fotográficos del suceso.
En fin, seguramente un simpatizante de la causa mutante quiso traer a luz éste episodio que nada tiene que hacer fuera del ámbito privado de los investigadores. Tampoco tiene relación con la investigación misma debido a que el anciano jamás derramó líquido en el suelo, por lo tanto, es evidente que no se trata de un mutante, ni siquiera de los míticos mutanes generación cero, de los cuales hablaremos en una próxima entrega.
Aclarado ésto, paso al tema de la supuesta infiltración en el seno de nuestro entorno: el miércoles próximo pasado tuvieron lugar algunos acontecimientos que nos hicieron sospechar sobre la condición 100% humana de uno de los que semana a semana comparten con nosotros amistosos partidos de fútbol.
Esta persona (por ahora la llamaremos así), en medio del cotejo, pateó una de las redes laterales que separan una cancha de la otra, y debido a una ley física que no posee excepción, salió rebotado hacia arriba y devuelto al piso con una virulencia similar a la mordida de un tiranosaurio rex, acto en el cual se sacó de lugar una de sus falanges. Haciendo uso de una capacidad poco humana, se la acomodó como quien toca el timbre en el colectivo cuando el corpulento chofer está desquiciado por un embotellamiento en el microcentro a las seis de la tarde, segundos después de haber discutido con una señora de aguda voz porque la máquina le tragó una moneda de cinco centavos.
Estos sucesos por si solos no hubieran sido concluyentes para la fina mirada especializada en mutantes, pero faltaba algo más. Mientras el sospechoso esperaba al costado del campo de juego, combatía la leve hinchazón de su dedo con hielo, como cualquier humano promedio. Pero debido a otra ley física que no merece mayor análisis, el hielo comenzó a derretirse y el suelo se empezó a mojar. Y ya sabemos de que hablamos cuando sucede eso.
Vamos a seguir investigando éste y otros casos de posibles mutantes, como el que nos llegó hace poco desde Villa La Angostura, donde uno de los sospechados derramó una botella entera de 7up sobre una persona y luego, cuando le pidieron tres docenas de empanadas, sólo entregó 25 unidades. Por último, a quienes están intentando romper los cimientos de nuestra lucha les digo: no les tenemos miedo.
Creo conocer al anciano mutante...
ResponderEliminares el bar "san bernardo" de la av. corrientes, en villa crespo?
salute! juan
Efectivamente se trata de ese bar y de ese anciano. A quienes gusten del tenis de mesa, les recomiendo que asistan.
ResponderEliminarLeo
ahhh mi Leito hermoso!! como te hizo transpirar el viejito.
ResponderEliminarmas que yo!!!
gisi y el gatito mutante.