
Tengo más de veinte y menos de treinta y un problema existencial: no sé que hacer de mi vida. ¿Qué que es lo raro? A mi edad muchas chicas ya tienen su profesión, su pareja, sus planes de futuro, han viajado por el mundo, ¿y yo? Nada. Me desespera mi situación. Hay días que no puedo conmigo misma, no encuentro consuelo ni con mi familia ni con mis amigos. Muchas veces agradezco no tener novio, porque lo volvería loco con tantos problemas, pobre tipo, lo comprendería si me quisiera dejar, pero ahora que lo pienso eso me devastaría, se acrecentarían mis inseguridades, mis miedos, mi desesperación por no saber qué hacer de mi vida.
Si, ya sé, antes de que me lo digan ya lo sé: claro que hice terapia pero ¿qué creen? ¿Una va y sale de ahí con todos sus problemas resueltos? No señores, si todo fuera tan fácil… Eso lleva tiempo, mucho tiempo, y hasta quizás no sirva, llevo como tres años yendo y ¿mejoré algo? No. Bueno, tal vez un poco. Hubo un tiempo en que estaba mejor. Hace como un año y medio creo. Me pude tranquilizar unos meses y hasta llegué a pensar que lo mío era perfectamente normal, que era joven y que esos supuestos fracasos eran algo común en la gente de mi edad. Tenía un novio también. Marcelo se llamaba y era lindo, lástima que era un mujeriego de aquellos, siempre andaba seduciendo por ahí. Un día nos peleamos mal porque lo pesqué in fraganti. Eso me hizo mal, ahora que lo pienso quizás eso haya provocado mi quiebre emocional de entonces.
Igual ya me olvidé de Marcelo, ahora mi problema es otro. Mi problema es qué hacer con mi vida. Me gustaría ser madre. Si, eso me gustaría. Tener dos o tres hijos que me jueguen alrededor. Ojo, no todavía, tengo conciencia de que soy joven, pero quizás en tres o cuatro años estaría bien. Que lindo, dos nenes y una nena me gustaría tener. Camila, Tomás y Ezequiel. Ya tengo los nombres, me falta el padre nomás. Lo más difícil. Todos los hombres son una mierda. Mi amiga Mechi dice que tengo mala suerte con los hombres y tiene razón. Marcelo era un mujeriego, y de los otros anteriores mejor ni hablar. No puede ser que todos los que me cruce sean un desastre. ¿Estaré prestando atención? ¿Me habré cruzado con el hombre de mi vida y no me di cuenta?
Mi psicólogo solía decirme en una de las tantas sesiones que tuvimos que yo no me abría, que tenía como una coraza invisible y que la gente –hombres sobre todo- se daba cuenta. Ahora que lo pienso algo de razón tiene. Siempre me quiero valer por mi misma, lo cual no está del todo mal, pero también es bueno tener a alguien que te proteja, que te cuide. Si, un hombre así necesito. Ja! El tema es donde encontrarlo, si son todos uno imbéciles, mejor será seguir cuidándome sola. ¿Ven? A esto me refiero. Empecé hablando de que quisiera un hombre que me cuide y al instante ya estoy confirmando exactamente lo contrario. Soy una persona difícil, ya lo sé. Lo que necesito es alguien que me acepte como soy, pero ¿dónde estará esa persona? ¿Existirá? ¿Por qué soy tan pesimista?
Por suerte tengo amigas que me ayudan en esta ardua tarea de vivir. ¿Cómo hacen ellas para estar bien? Las veo casi a diario, sé que hacen y cuando, pero no puedo imitarlas, no sé ser feliz. ¿No sé o no me animo? El otro día un amigo me dejó pensando. Sos linda –me dijo-, tenés salud, tenés amigos y familia, ¿qué mas querés? No sé que más quiero la verdad. Quisiera tener una profesión, un trabajo mejor, tener definido mi futuro, viajar por el mundo. Mi amigo me miró a los ojos y me dijo: Ale, recién tenés más de veinte y menos de treinta.
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