viernes, 15 de julio de 2011

Cosmética mata política



A raíz de la columna en Página/12 de Fito Páez –que a partir de ahora es solamente Fito para mí–, surgieron un sinfín de voces hipócritas señalando lo condenable de sus apreciaciones supuestamente anti democráticas. ¿Qué hay de anti democrático en expresar una opinión sin el típico maquillaje al que nos tiene acostumbrados el PRO?

A Fito, según entiendo, no le dan asco los votantes, le da asco Macri. El mismo asco que sentimos todos aquellos que nos interesa algo más que nuestro propio culo y por eso nos cuesta aceptar el resultado del domingo pasado. Es asco y también decepción. Decepción por ver como tapan con globos de colores una gestión espeluznante y casi la mitad no se da cuenta, o peor aún, se da cuenta e igual lo vota.

Me da asco que los internos del Borda no tengan gas en invierno. Me da asco que los colegios públicos se caigan a pedazos. Me da asco que los hospitales públicos no tengan los insumos necesarios. Me da asco que saquen a patadas a la gente en situación de calle. Me da asco que se le otorgue un gran negociado a Clarín a cambio de inmunidad mediática. Me da asco que cierren centros culturales. Me da asco el PRO y todo lo que representa.

¿Soy anti democrático por eso? Sólo ejerzo, al igual que Fito, mi libertad de expresión, ésa por la que tanto se preocupan los grandes medios, ésa por la que tanto se defendió a Vargas Llosa, ésa por la que los columnistas de La Nación pueden decir las barbaridades que dicen a diario, ésa por la que Clarín puede publicar información mentirosa y tendenciosa. Bienvenida sea la libertad de expresión.

A los hipócritas que se ofendieron por lo que dijo Fito, solo me queda decirles que se saquen los globos amarillos de enfrente y traten de ver que si se defiende lo público, si se solucionan los problemas de base, si se avanza en la búsqueda del bien común todos vamos a estar mejor. Ellos y nosotros. Ricos y pobres. Claros y oscuros.

Si no lo pueden ver, o no quieren verlo, voten al estúpido que se puede morir tragándose un bigote postizo, voten al hijo de papá que nunca trabajó, voten al garca que deja un tendal a su paso, voten a quien odia a los inmigrantes, voten a quien privilegia a los que más tienen, total, más temprano que tarde, el búmeran va a volver y les va a pegar donde más les duele: el bolsillo, tal como hizo el padre putativo de quien hoy es el beneficiario de sus votos egoístas.

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