La consigna era clara: elegir un personaje, real o ficticio, vivo o muerto y hacerle una entrevista situándolo en el contexto de la actualidad argentina. No soy peronista, pero elegí a Juan Domingo Perón. Quizás sea por que siempre me llamó la atención su figura y los sucesos que tuvieron lugar a su alrededor. En definitiva, esto es lo que diría Perón, según mi punto de vista, si hoy fuera candidato a presidente de los argentinos.
La humeante taza de té fue servida por un corpulento hombre de pelo brillante y aplastado. El escritorio fue ordenado por otro de similares características. Ambos se quedaron cerca de la puerta, con gestos adustos. Un minuto después apareció Juan Domingo Perón y, sonriente, me saludó cordialmente. Los dos hombres salieron y cerraron la puerta, pero no se escucharon pasos alejándose.
Perón vestía un impecable traje. Se sentó, dejó su teléfono celular sobre el escritorio y con la taza de té en la mano dijo: “Empecemos”. Y empezamos.
La primera pregunta fue la clásica: ¿Qué lo diferencia del resto de los candidatos a presidente? Rápido de reflejos y haciendo gala de su buen humor, sostuvo: “Soy el único candidato peronista”, largó una carcajada y agregó: “Hablando seriamente, tenemos un plan de gobierno avalado por mis gestiones anteriores, cosa que ninguno de mis oponentes tiene. Debido a la experiencia, muchos de los errores que cometimos anteriormente hoy están solucionados y puedo decir, fehacientemente, que contamos con una solución para cada área. No creo que otro candidato pueda decir lo mismo. Y somos los únicos que por convicción, proponemos un fuerte y creíble plan social, que incluye vivienda, salud y educación para todos los sectores de la nación”.
Casi sin proponérselo, el ex presidente comenzó a opinar sobre sus contrincantes en esta elección. Manifestó que Cristina “se cree Evita, pero le falta humildad” y que Lavagna “es un buen economista, pero que no tiene pasta para ser presidente”. No evitó referirse a Carrió: “Es una luchadora”, dijo, pero sostuvo que le preocupa su crucifijo y las ideas retrógradas que eso conlleva. Y también dejó una humorada para los rivales de toda la vida: “Como decía Roca, para que los radicales se hundan sólo hay que dejarlos gobernar”.
Con las favorables encuestas sobre el escritorio, Perón sostiene que: “Ser o no ser Presidente de la Nación es algo que en verdad no me quita el sueño. Lo que interesa no es tener el gobierno y gobernar, sino gobernar de acuerdo con lo que conviene al Pueblo y hacer lo que el Pueblo desea por caminos organizados, sin violencia y con la vista en el futuro, hermanados con todos los Pueblos del Mundo que luchan por la grandeza de sus naciones y la igualdad de sus pueblos”.
La taza ahora está vacía. El empleado engominado interrumpe en la sala con una tetera, como si hubiera sabido que “el General” quería más té y le sirve, silencioso, servil. Inmediatamente se me vinieron a la mente los sindicalistas, y le pregunté a Perón sobre ellos. “Los sindicatos son importantes, pero ahora hace falta sangre nueva y, sobre todo, honrada. Un sindicalista, por sentido común, no puede ser rico”, dijo.
Me quedaron miles de preguntas, pero el otro empleado abrió la puerta para avisar que se había acabado mi tiempo. Perón se levantó, me dio la mano y sin soltármela, me dijo: “Señor periodista, escriba también que a partir de éste, mi cuarto gobierno, una nueva Argentina, libre y socialista, enterrará el pasado y hará olvidar la miserable entrega de los militares, los radicales y los supuestos peronistas que gobernaron la patria durante el último tiempo”.
Perón Perón... qué grande sos!
ResponderEliminarEntrevista muy interesante, pero absolutamente ficcional! Tanto o más que "Viaje al centro de la Tierra"...
Lo único cierto es que el peronismo murió con Perón.