viernes, 1 de febrero de 2008

La furia contra la máquina

You’ll want a single, say fuck that, fuck that, fuck that; you´ll want a single, say fuck that, fuck that, fuck that shit”, sonaba en mis auriculares cuando de repente vi unos ojos que me miraban y más abajo, una boca que se movía sin emitir sonido alguno. Me detuve, me quité uno de los auriculares y con cara de semi-fastidio pregunté: “¿Lo qué?”. Esta vez, de manera audible, la boca me dijo: “¿No sabés dónde queda la calle Balcarce?”. Mi boca, después de masticar bronca, le dijo: “Si, seguí derecho dos cuadras más”. Insultando para mis adentros me volví a colocar el auricular y alcancé a escuchar un “gracias” muy lejano.

¿Qué sería del mundo sin la música? No me lo puedo imaginar sinceramente. ¿Sirve la música si nadie la escucha? Esa es una pregunta bastante pelotuda. ¿Hay música buena y música mala? En principio diría que no, que es una cuestión de gustos, pero luego, cuando a mis oídos llega la melosa voz de Luis Miguel, o los alaridos de Alejandro Sanz, o millones de otras melodías, digo si: hay buena música (la que escucho yo) y música mala (el resto).

El mundo, o lo que sea que vemos mientras caminamos por las calles, se percibe diferente si está musicalizado. Toma otro matiz, otro color. Es como una película a la que le ponemos nuestra propia música, la música que más nos gusta. Así, los bocinazos pasan a ser golpes de bombo de batería; las frenadas pasan a ser un rif de guitarra; las voces de los transeúntes pasan a ser la voz del cantante de nuestra banda favorita. En definitiva, el mundo se torna más agradable.

Ensimismado, seguí camino luego de aumentar un poco el volumen. En ese momento empezaba a sonar la furia de Rage Against The Machine. Promediando el tema (mejor dicho, el gran tema) se me acerca una señora de cara extraña, se me para al lado y empieza a gesticular. En este momento cabe aclarar algo: sólo hay una cosa que me molesta más que me interrumpan una canción, y es que me interrumpan una GRAN canción. En fin… puse pausa, y sin disimular mi mal humor, dije: “¿Lo qué?”. “Una monedita”, me contestó con una voz que se diferenciaba muy poco del silencio absoluto.

No tenía monedita alguna, pero de haberla tenido tampoco se la hubiera dado por el sacrilegio que acababa de cometer esa señora de cara extraña y, como me pude dar cuenta después, de grotesca panza al viento.

Luego de negar con la cabeza, quité la pausa y puse a sonar la misma canción desde el principio. “Esta vez, hasta que no termine el tema, no me saco los auriculares ni pongo pausa”, me prometí. Ya estaba llegando a mi casa y la furia de Zach de la Rocha endulzaba mis oídos. La sensación era gloriosa y por demás placentera. No me importaba nada en ese momento. Ni el auto que doblaba, ni las dos señoras que miraban hacia donde yo estaba y hacia arriba simultáneamente, ni el portero de mi edificio que corría hacia mí moviendo los brazos. No me importaba nada.

El último grito de Zach fue la señal para que por fin pudiera quitarme los auriculares. En ese preciso momento, mientras despejaba mi oreja izquierda, una máquina de escribir cayó sobre mí y me aplastó la cabeza contra la vereda. Por los auriculares salpicados de sangre empezó a sonar la siguiente canción. La música, por más que nadie la escuche, sigue sonando.

2 comentarios:

  1. Leo,muy lindo texto...gracias por hacerme reir,no a carcajadas,pero como ya te dije antes,tus textos me "mueven"...salvo tus finales...vos no estas bien no?...jajaja...y por ultimo,es verdad que estas pobre?...eso entendi en IMPORTANTE :-( (ojala que no...te extraño...besitos)

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  2. Grande Leo , muy buenos textos , te dejo uno que les escribi a mis amigos hace poco.

    Hablando de enfermedades de niños , quien nunca cagó con lombrices blancas , tengo fotos y todo con ellas . Mi madre me quería hacer tomar un jarabe antiparásitos para combatirlas pero nunca quise ya que como era hijo único y no tenía hermanos me venían al pelo como mascotas. Un día caí a un cumpleaños con todas ellas en un frasquito y al mes siguientes ya cada uno de mis amigos tenía su propio frasquito , hacíamos carrera de parásitos en los recreos y el dueño de la lombriz que ganaba se llevaba a las perdedoras , me acuerdo que llegue a tener 54 frascos . Había una que era un disparate , en la salida era un poco lenta pero luego arremetía en los últimos 200 metros y las pasaba como agua a la demás . En esa época por fin logré tener un nombre en el colegio , ser alguien , era un alumno reprimido , tímido , que se sentaba en el fondo y apenas levantaba la cabeza para mirar la fecha en el pizarrón , mi vida había cambiado , ahora era el pibe que caía con sus frasquitos y el dueño del parásito mas rápido de la escuela , es más , competí en un intercolegial y perdí en la final contra un parásito de la Mené , pero siempre se sospechó por el tamaño que ese parásito era de un adscripto y no de un niño de nuestra edad , tenía una zancada bárbara el hijo de puta.

    Era muy apegado a ellos ,me acuerdo que llenaba la bañera , y mientras me bañaba , todos nadaban alrededor mío a no ser la campeona que exigía baño separado , se le habían subido los humos pero teníamos que comprenderla , gracias a ella tenía toda esa fortuna.

    No todo fue color de rosas en esa época , en una de las carreras contra los parásitos de tercero , siento un grito enorme desde la mitad de la pista que enmudeció a la escuela , rotura de ligamentos cruzados fue lo que la hizo rodar por la pista y quedar tirada del dolor , no la podía ver sufrir a mi parásito preferido , era demasiado para mi , agarré un lápiz fabel castell recién sacada la punta y la clavé en el medio de sus tres corazones para evitar que ese dolor se pronunciara , ( menos mal que había leído el libro “ Cuestión de parásitos “ sino nunca me hubiese imaginado que tuvieran tres corazones estos bichos.



    En fin , me acuerdo que al otro día nos dieron asueto en el colegio y estuvieron suspendidas las carreras por más de tres meses , luego quise volver con otras lombrices pero no gané una puta carrera , perdí todos mis frascos y nuevamente pase a ser el niño que todos le meaban las orejas.

    Hoy por por , con 30 años , me meto billetes y monedas en la boca , agarro mierda de perro y me chupo los dedos para ver si puedo cagar un parásito como ese que me hizo vivir los años más hermosos y felices de mi niñez.



    Errores de la historia



    1) En esa época no existía jarabe antiparásitos y sí unas pastillitas amarillas que te ponían debajo de la lengua

    2) Si el parásito arremetía en los últimos 200 metros , tenías que tener flor de escuela para jugar en los recreos a las carreras

    3) ¿Por qué que levantaba la cabeza para mirar la fecha si apretando la perilla derecha del reloj la tenía ?

    4) En casa nunca hubo bañera , solo ducha.

    5) El libro “ Cuestión de parásitos “ nunca se vendió en Uruguay , se editó en México y como existía una traba arancelaria en el país era imposible importarlo.


    Saludos

    Claudio

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