miércoles, 13 de febrero de 2008

Elisa 2.0, robot sexual

Controversia por la llegada de robots sexuales (Infobae. 13.02.2008) Algunos científicos aseguran que en poco menos de 50 años los humanoides aumentarán el placer entre las sábanas y evitarán el contagio de enfermedades. Ya se comercializa la primera muñeca.

Nunca tuve suerte con las mujeres. Tampoco llegué a comprenderlas jamás. Cuando salieron los robots sexuales con inteligencia artificial pensé que mis problemas se habían terminado pero no. Al parecer, recién comenzaban.

Me había comprado el modelo más caro. Afortunadamente, mi puesto en la petrolera más famosa del país me permitía darme gustos por 20 mil dólares sin tener que pensar si al otro día tendría para comer. Hice el pedido por internet y no pasaron más de 6 horas hasta que golpearon mi puerta con el paquete. De lo único que me podía quejar, hasta ese entonces, era de la falta de privacidad: el empleado de Fedex no paró de sonreír en ningún momento y hasta llegó a guiñarme un ojo antes de despedirse sin llevarse propina por su falta de profesionalismo.

Ni bien cerré la puerta y constaté que el empleado de Fedex no estuviera espiando por la ventana, me dispuse a abrir la gran caja marrón de casi dos metros de altura; tenía dos carteles pegados en la parte frontal: uno decía “FRÁGIL” y el otro “ROBOT SEXUAL”. Luego de romper el cartón y quitarle los plásticos pude ver a la que sería mi compañera de placer de ahí en más. Una inmensa alegría invadió mi corazón y sucios pensamientos tomaron posesión de mi imaginación.

Su nombre era Elisa 2.0. Boca generosa, silueta perfecta, grandes pechos siliconados, trasero firme y robusto. Era sencillamente perfecta. Ansioso agarré el manual cuyo tamaño era semejante a una guía telefónica y busqué la sección “Primeros pasos”, pero mi incapacidad para leer japonés me llevó a comunicarme con el servicio de atención telefónica a clientes. Luego de deambular por el menú de opciones durante media hora, un simpático mexicano me atendió y me indicó que lo primero que tenía que hacer era cargar la batería del robot 48 horas aproximadamente, por lo que mis más bajos instintos tuvieron que esperar dos días más para verse satisfechos. Para no desesperarme, decidí dejar enchufado el robot e irme a pasar el fin de semana a un hotel de la costa.

Al volver, y cumplidas las 48 horas de carga, la desenchufé y la encendí. Esperé a ver si su inteligencia artificial detectaba mi evidente estado de excitación, pero luego de estar dos horas parado supuse que debía accionar algún botón. Me llamó la atención lo salido que estaba su clítoris, por lo que inferí que quizás debía excitarla yo primero, como a toda mujer, pero cuando lo presioné un poco, su vagina se desprendió y cayó al piso. Según el servicio de atención telefónica a clientes, no se trataba del clítoris, sino de un botón expulsor que servía para cambiar la vagina a los tres meses de uso.

Se me había pasado un poco la euforia inicial, pero los 20 mil dólares invertidos bien merecían otro intento. Le volví a colocar la vagina y opté por acariciar sus pechos. En ese momento, Elisa 2.0 emitió una especie de gemido metálico, digno de películas japonesas de terror, que al principio me provocó estupor pero, conforme avanzamos en nuestra relación, pude asimilarlo como su más fiel expresión de placer. Continué besando su cuello que aún olía a plástico nuevo y al mismo tiempo tomé sus enormes glúteos con mis manos y los apreté. Al parecer no le gustó, o debí accionar algún botón oculto, porque su rodilla se incrustó en mis genitales y no me pude levantar por espacio de veinte minutos.

Una vez recuperado decidí insistir. Llevé a Elisa 2.0 hasta la cama y la acosté. Al hacerlo, pude divisar una palanquita de tres posiciones que tenía en la nuca. Incauto, la moví al número dos y comenzó una odisea. Elisa 2.0 se levantó, me pegó un sopapo y me tiró a la cama. Acto seguido me arrancó las ropas y me dejó como Dios me trajo al mundo, sólo que con mucha más grasa, muchos más pelos y menos expresión angelical. Luego se me sentó encima y sin dejar de abofetearme, me cabalgó a una velocidad que no creí robóticamente posible. Lejos de excitarme por la euforia de Elisa 2.0, dediqué arduos minutos a tratar de volver la palanquita a su anterior posición.

Mientras ella me colocaba su codo en la boca, al tiempo que decía cosas ininteligibles, aproveché para manotear la palanquita y cambiarla a la posición número tres. Lo que vino fue dramáticamente peor. No voy a entrar en detalles para no dañar mí ya cuestionada honorabilidad, sólo diré que su vagina rebatible dio lugar a una especie de martillo neumático que me provocó serias heridas, no sólo físicas, sino también psicológicas. Luego de una hora de martirio, la batería se agotó y pude agarrar la sierra eléctrica y deshacerme de Elisa 2.0 para siempre.

Llamé nuevamente al servicio de atención telefónica a clientes y el mexicano, luego de escucharme durante varios minutos, me pasó con su supervisor, que a la vez me pasó con su supervisor, y éste, a la vez, me pasó con el gerente, también mexicano, que me pasó un número de teléfono con característica japonesa, para que elevara el reclamo a la casa central de la firma Axis, proveedora de los famosos robots sexuales de 20 mil dólares cada uno.

Anoté el número y posteriormente, también por internet, me inscribí en un curso acelerado de japonés. Estaba dispuesto a comprar un nuevo robot sexual, pero esta vez con la ventaja de poder leer el manual y así no equivocarme en mi relación con Elisa 3.0 o como quiera que se llame mi futura compañera. Al fin de cuentas, esto es más fácil y menos riesgoso que tratar de entender a una mujer de carne y hueso.

4 comentarios:

  1. DEME 2!!!!
    che, donde se consiguen esas muñecas???? Me vendria barbaro una!

    Tambien hay robo-chongos sexuales????

    exitos!

    W.

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  2. Me gusto mucho tu cuento!
    Muy gracioso y pobre muñeca,no habras sido vos el problema? Jajaja...
    Espero con ansias el proximo!Besitos!

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  3. me gusto el cuento, y me gusto tu blog, lo acabo de descubrir leyendo orsai. yo tambien vivo en españa, y recorro el cyber en busca de compatriotas copados que me acercan a mi gente y mantienen vivas mis neuronas y mi humor.
    cuando quieras date una vuelta por
    www.grupocachimayo.com.ar
    allí escribo como corresponsal desde mallorca unos alucinados articulos.

    un abrazo.
    kety mangione

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  4. ESTE INBECIL CREE QUE TODOS LOS QUE HABLAN ESPAÑOL SON MEXICANOS

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