martes, 1 de abril de 2008

Central Anti Mutantes

Al contrario de lo que cualquier hijo de doña Rosa podría pensar, durante todo este tiempo seguí investigando el tema de los mutantes. ¿Qué fue lo que pasó entonces para que cesaran los informes? Aparentemente, debido a la polvareda que se levantó con mis revelaciones, los mutantes decidieron llamarse al silencio y, sobre todo, al ostracismo.

No me quedó otra que afinar la mirada y buscarlos por todos los recovecos posibles. Sabemos que los mutantes se confunden con gran habilidad entre los humanos comunes y corrientes, pero algún paso en falso debían dar y para mi contento, lo dieron. Uno de ellos, claramente de segunda generación, se hacía el distraído mientras rociaba con un líquido a un par de turistas.

Identificar a ciertos turistas se torna una tarea demasiado fácil muchas veces. A los atacados por el mutante en cuestión, sólo les faltaba un cartel en la frente que dijera “soy turista”: sombrero como de cowboy, súper cámara colgada al cuello, bermudas beige, y zapatos con medias hasta por debajo de la rodilla. Su esposa (se notaba claramente que era su esposa) tenía un sombrero del tamaño de una pizza neoyorquina, blusa blanca, las mismas bermudas que su marido y unas sandalias, también con medias hasta la rodilla.

Pude observar toda la acción. Los turistas caminaban en dirección norte-sur tomados de la mano. En dirección sur-norte venía este mutante de segunda generación. También vestía bermudas, pero en vez de zapatos usaba unas zapatillas carnavalescas y medias, también hasta las rodillas. Acá debo hacer una salvedad: extrañamente, tanto los mutantes como los turistas no tienen buen gusto para vestir sus miembros inferiores.

La cuestión es que éste mutante, al ver a la pareja de turistas, decidió modificar su actual rumbo sur-norte para ponerse detrás de los coquetos turistas y caminar a pocos metros de ellos. Acto seguido, de uno de los bolsillos de su horripilante bermuda sacó un frasquito como de plasticola y apuntando a la espalda de quien podría ser uno de los dueños de nuestra Patagonia, lo roció con un líquido amarillo, manchándolo en el acto.

El turista, al percibir la acción del agresor, se dio vuelta y mirándolo fijamente a los ojos, le estampó una trompada seca, pasando el mutante a ocupar una posición paralela al piso. Mientras éste sufría lo que se podría describir como un ataque de epilepsia, el turista y su esposa observaron rápidamente a su alrededor y posteriormente siguieron su rumbo, sólo que a una velocidad mayor.

Pude constatar que se le había apagado la tele al mutante: permaneció en el piso por espacio de varios minutos hasta que finalmente se pudo incorporar y hasta pudo recuperar un diente dorado que se le había caído del maxilar superior producto del impacto. Buscó infructuosamente la botellita de plasticola alrededor suyo pero no la encontró; el turista se la había llevado como recuerdo de su encuentro cercano del cuarto tipo.

Luego me detuve a pensar. ¿Y si el turista no era un turista realmente? ¿Y si era miembro de alguna central de inteligencia anti mutantes? Su obvia y ridícula vestimenta certificaba de alguna manera esta teoría. ¿Y si los mutantes, en vez de estar ocultos estaban siendo exterminados? Me quedé patitieso y meditabundo. Quizás tuviera que empezar una segunda investigación.

2 comentarios:

  1. Por fin continuo la saga de los mutantes! la estaba esperando. muy buena historia esta tambien, pero queremos saber que pasa con el hijo de washinton!!!!

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  2. no nos venceran....
    MUTANTES AL PODER! Y VIVA PERON, CANEJO!!!!
    (y le doy un dato Sr. Investigador, porque tambien somos peronistas compañero!)

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