Marta Minujín no se pone colorada al auto proclamarse una adelantada para la época, una pionera o una arciana (habitante del planeta llamado Arte). Ni siquiera le tiembla la voz cuando se compara con Mozart o Bach. “Soy absolutamente genial”, dispara como para que no queden dudas sobre cómo se considera a sí misma ésta artista que ya lleva toda una vida dedicada a escandalizar con sus realizaciones, ya sea para bien o para mal.
Su cabellera varía siempre entre el blanco platinado y el rubio, pero sus ojos casi siempre están ocultos bajo los cristales de los más excéntricos anteojos. “Los uso como maquillaje, si no quiero que me reconozcan, me los saco”, asegura y tiene razón. Sin ellos no es Marta Minujín, por más que su mirada sea tan poco convencional como ella misma.
Estudió en la Escuela Nacional de Bellas Artes, pero había algo que no la conformaba a pesar de obtener excelentes calificaciones. “Me sacaba diez, diez, diez, ganaba premios, pero lo que me interesaba era ser de vanguardia”, afirma. Se casó a los 16 años por amor y todavía sigue casada con la misma persona: el economista Juan Carlos Gómez Sabarini. “Viaja por el mundo, hace contratos, es muy inteligente. Le encanta mi locura”, dice cuando se le pregunta por él.
Una clara muestra de la locura que tanto le gusta a su esposo Juan Carlos puede ser la vez que le pagó la deuda externa a Andy Warhol, pero no precisamente con verdes billetes. “Se lo propuse en el ’85. Fui a su casa de la calle 34, llevé choclos (para mí el maíz es el oro latinoamericano), hice una montaña, pusimos dos sillas y nos sacamos diez fotos. Yo agarraba el choclo, él subía, yo se lo ofrecía y él lo aceptaba. Así la deuda externa quedaba paga”, cuenta.
Fua considerada por muchos como la Andy Warhol argentina, pero a Marta Minujín le gusta aclarar: “Fuimos idénticos, pero nunca nos copiamos. Como él, vivo dentro del arte y creo en el arte para todos y en su diversidad. Eso es lo que nos identificaba: el mismo espíritu, el pop, que sigue vivo”.
Quizás arte sea la palabra que más veces haya pronunciado en su vida, no sólo porque es su leit motiv, sino además porque la suele repetir tres veces seguidas cada vez que la necesita. Cómo en febrero de 2004, cuando fue detenida en el aeropuerto internacional de Ezeiza por posesión de tres sobrecitos con cocaína. “Arte, arte, arte”, decía una y otra vez ante el acoso de los periodistas.
Su detención no fue sólo una anécdota en su vida. “Me hizo muy bien, porque dejé totalmente todo, todo. Fue maravilloso, seee. Porque era una dependencia absurda, horrible, que te corta todo. Estaba perdiendo el tiempo. Ahora no tomo alcohol, no tomo drogas, no tomo nada. Hoy, como cuando empecé, mi único vicio es el arte”, afirma y busca cambiar rápido de tema, a uno más alegre, más Minujín.
Pensó en suicidarse en vivo en directo por televisión, pero luego abandonó la idea. Como también abandonó la idea de fundar Minujínlandia. “Sería como Disneylandia, pero todo de arte, una maravilla. Que me pongan cien millones de dólares y obreros capacitados y haría cosas maravillosas. Arte divertido”, afirma, pero no tiene el dinero suficiente, porque el que gana lo vuelve a invertir en la realización de sus próximas obras. De hecho vive prácticamente del canje. “Al restaurante le doy una escultura mía que vale 5 mil dólares y tengo cuenta abierta; a la tintorería, le doy una cabecita de 500 pesos; al taxi le pinto el vidrio”, relata divertida e hiperquinética, como cada vez que cuenta sus anécdotas.
Precursora del los happenings (obras de arte interactivas, con mucha participación del público) en sudamérica, llamó la atención del circuito con sus creaciones: el obelisco de pan dulce, el Carlos Gardel de fuego, la Venus de queso, y la obra que impactó hasta el mismísimo rey del pop-art: el Partenón de libros, realizado con ejemplares prohibidos durante la última dictadura que vivió el país que la vio nacer hace 65 años.
Son muchos los calificativos que caben en la personalidad de Marta Minujín. Adelantada, pionera y genia son sólo algunos.
será mutante??
ResponderEliminarGisi
Divertido sería que se ponga blanca al decir todo éso que dice.
ResponderEliminarDe alguna manera tiene que venderse. Que sería de los "artistas" si nadie conociera su obra?
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