
La noche anterior, Feinman, su más descomunal archienemigo, le había dado un ultimátum a través de un mensaje por televisión. Tali-Man, hombre poco temeroso, no dudó por un instante que debía emprender una nueva búsqueda para erradicar el mal de la faz de la tierra. Esa mañana tuvo una brillante idea. Subió a la azotea de su casa y, junto a su inseparable compañero de emociones, el audaz Tali-boy, tomó sus anteojos superpotentes y empezó a seguir los movimientos de cada uno de los habitantes de Expositrópolis. Su mirada se detuvo en un piso de las Exposi Towers, sobre el ala alfa. Si bien estaban recubiertas por vidrios espejados, la potencia de sus Tali-anteojos le permitian percibir su interior. Y fue en ese periquete cuando se quedó maravillado: una abundante cabellera negra recorría los pasillos, acomodando todos los rincones. BigPar Woman, una millonaria superheroína con dos grandes poderes, coordinaba el trabajo del mayor emprendimiento de toda la torre, el museo comunista del piso 666, resabio de los antecedentes secretos de la familia real.
En otro punto de la cuidad, Nazyboy le revoleó una zapatilla al cucú que intentó (y logró) despertarlo. Luego de unos minutos, estiró su mano y sin mirar tomó la primera remera de una montaña de ropa que había al costado de la cama para calzarse el viejo y querido pantalón blanco. Mientras practicaba falsificaciones de firma, notó que la tinta de su última lapicera se había acabado. Ahí recordó a la carismática X-Girl roba-lapiceras y dedicó unos minutos a recordarla: su agilidad, su estilo, sus gustos… “Esos malditos gustos comunistas!”, recordó con furia. Y comprendió que jamás podría estar cerca de ella mientras X-Girl insistiera en seguir leyendo la obra de Marx. “Tengo que eliminarlos a todos. Empezaré por destruir el museo central. Y, de paso, el acto terrorista me dará fama, con lujos, glorias y mucha comida gratis. Ya no necesitaré bailar en las murgas de verano ni afanar hamburguesas… Ja, ja, ja…”.
Nazyboy no tenía idea de cómo llevar a cabo su plan sin ser descubierto pero, en ese momento, alguien llamó a su puerta. Abrió rápidamente pero no encontró a nadie, solo había un paquete y una carta que contenía un estupendo plan firmado por una tal Ciclotimi-K. “Tengo una aliada anónima, ya mismo me pongo manos a la obra”, dijo Nazyboy y, aprovechando su pantalón blanco, se disfrazó de heladero (tal como decía la carta) y, en lugar de hacer un delivery de 7 kilos al piso 666 –como dijo al conserje-, depositó una poderosa bomba explositrónica pentadireccional activada por su seteo de minutización capaz de destruir todas las piezas. Primer paso dado, pero poder conseguir con libertad, debía conseguir la confianza de Bigpar Woman, así que tendría que conquistarla.
Desde la terraza, aún en malla disfrutando de una pileta de hule, y mientras Tali-Boy jugaba con un patito de plástico, Tali-man notó que un falso heladero se dirigía a las torres. Le llamó la atención que el camión dijera. “Yogurt Sin Parar” y comprendió que debía empezar una pesquisa. Pero hacía mucho calor y decidió seguir mirando un rato más.
Naziboy continuó su recorrido y, una vez en el piso 666, se acercó a BigPar Woman, le regaló una ensalada de frutas y entró en la sala principal. De pronto, hizo que le dolía la cabeza y, cuando la morena que tenía más delantera que Brasil del 58 fue a buscar una aspirina, el joven aprovechó para esconder la bomba en un paquete blanco.
Por otra parte, la seductora Cremátula, no contenta con los Exposi Pesos que había conseguido llevarse, seguía con la idea de cometer otro gran robo, pues necesitaba mucho dinero para organizar el más grande torneo de tenis para superhéroes y villanos.
Entonces, aprovechando la distracción de Tali-man, y gracias a su Cremóvil, llegó hasta la ventana del Exposi Bank. Entró, abrió la caja fuerte haciendo gala de sus hábiles y largos dedos y encontró varios paquetes blancos de dinero. Sin embargo, Tali-mandecidió que no podía permitir que hicieran estallar el museo central. Junto a su compañero, se subió al ala delta, rompió un vidrio de las Exposi Towers y entró a su interior. Entonces, mientras Cremátula guardaba de a uno los paquetes en su Cremóvil. Tali-man gritó: “El edificio va a explotar, todos al suelo” y Tali-Boy arrojó la bomba, entrando por la ventana de la torre Delta y confundiéndose así con los otros paquetes de dinero.
Finalmente, el museo comunista se salvó gracias a nuestros Tali-héroes pero Cremátula, confundida, se llevó la bomba a su guarida pensando que era otro fajo de Exposi Pesos. Ya en su casa contando el dinero, recordó que tenía que comprar unas cremas y, una vez en la calle, la bomba explotó y destruyó su guarida. Al volver, Cremátula observaba los humeantes escombros mientras se prometía encontrar al culpable y ajusticiarlo.
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