
El señor de las moscas, publicado originalmente en 1954 luego de haber sido rechazado en varias oportunidades, es la historia de un grupo de adolescentes y niños, todos varones, que quedan varados en una isla desierta luego de un accidente aéreo. Ahí se las tienen que ingeniar para vivir –y sobrevivir- en un ámbito tan inhóspito como anárquico. Al principio, por la ausencia de adultos, resulta una linda aventura pero conforme pasa el tiempo y afloran las personalidades de cada individuo, las cosas comienzan a cambiar radicalmente.
En realidad El señor de las moscas es eso y mucho más también. De su lectura se desprenden varias interpretaciones, muchas inherentes a la complejidad del ser humano, no sólo acerca de la experiencia de vida que lo va formando sino también de aquellas que son propias de su naturaleza, como por ejemplo la maldad.
No es casual que los protagonistas de esta novela sean niños, como tampoco es casual que no haya mujeres: el hombre es dueño de crueldad y maldad desde el mismo día de su nacimiento.
Así lo da a entender su autor, William Golding, premio Nobel de Literatura en 1983. Este gran escritor, nacido en 1911 en Cornwall, Reino Unido, basó gran parte de su obra novelística en cuestiones del comportamiento humano. Otro claro ejemplo de esto es su libro Los Herederos de 1955, donde cuenta el exterminio del hombre de Neandertal a manos del homo sapiens. O Caída Libre de 1959, que es la historia de un artista que luego de alcanzar el éxito es llevado a la guerra, donde es capturado y torturado.
Sin dudas, el autor le imprime un pesimismo brutal a muchas de sus obras, y lo hace a través de los personajes; aquel que representa el bien y la sensatez por lo general es débil y dubitativo.
El señor de las moscas, al igual que otros libros de Golding, es el resultado de las experiencias que vivió el autor durante su participación en la Segunda Guerra Mundial, donde fue testigo del salvajismo de algunos soldados, desinhibidos al no tener el límite que imponen las reglas de la sociedad civilizada. “Cualquiera de mis contemporáneos que no entienda que el hombre produce maldad, como una abeja produce miel, debe de estar ciego o mal de la cabeza”, dijo alguna vez al respecto.
Volviendo al texto en sí, en El señor de las moscas, Golding utiliza una prosa ligera, de fácil y ágil lectura. Describe detalladamente los escenarios –con gran conocimiento del accidente geográfico dónde se desarrolla la historia- pero sin llegar a ser pesado; tiene la capacidad de hacerle ver al lector una locación en no más de cinco o seis líneas.
“La costa apareció vestida de palmeras. Se sostenían frente a la luz del sol o se inclinaban o descansaban contra ella, y sus verdes plumas se alzaban más de treinta metros en el aire. Bajo ellas el terreno formaba un ribazo mal cubierto de hierbas, desgarrado por las raíces de los árboles caídos y regado de cocos podridos y retoños del palmar”, escribe Golding al principio de esta apasionante historia y al lector sólo le resta divisar la imagen en su cabeza y disfrutar.
Mediante una salomónica distribución de diálogos y narración, el autor desarrolla la historia, va creando climas y suspenso, y pone especial énfasis en la personalidad de sus personajes, lo que prácticamente obliga al lector a tomar parte por alguno de ellos en detrimento de otros. El resultado de este involucramiento justifica por sí solo la lectura de El señor de las moscas.
Esta obra, independientemente de las interpretaciones que se le pueden adjudicar, contiene una historia sólida que atrapa desde el principio mismo, repleta de simbolismos, y cuyos personajes principales reflejan posiciones que la mayoría de los bípedos animales que dominan la Tierra han tenido que considerar alguna vez a lo largo de sus vidas.
En fin, se trata de un libro que fue de lectura obligatoria en las escuelas de Inglaterra. Además, dos directores llevaron la historia a la pantalla grande, la banda de rock pesado Iron Maiden le compuso una canción y Los Simpsons la parodiaron en uno de sus capítulos, entre otras menciones. El señor de las moscas se ha ganado el calificativo de clásico, con todo lo que eso representa. Una razón más –como si hiciera falta- para disfrutar de la lectura de esta excelente novela.
Me gusto :D
ResponderEliminarTodo lo que escribis me gusta, me fascina tu blog! Segui asi Leonardo! Exitos y saludos.
ResponderEliminargenial
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