miércoles, 27 de abril de 2011

Néstor, gracias de nuevo



No soy de los que estuvieron con Néstor desde la primera hora. El noventismo había minado mis esperanzas, como a tantos otros, así que desde mi postura de “izquierda” quería que se fueran todos, que hubiera una renovación, y él, en ese momento, para mí, no representaba justamente esa renovación. Lo que yo y otros tantos no sabíamos era que Néstor estaba esperando su momento para producir eso que tanto anhelábamos aquellos que queríamos —y queremos— que las cosas sean más justas de una vez por todas.

Empezó de a poco ganándose mi respeto, y en menor medida, mi confianza, hasta que tuve que sucumbir ante la evidencia, la evidente evidencia de un país en marcha que se inclinaba para el lado de la educación, de la dignidad, de la distribución, de los derechos humanos, de la industria nacional, de la unión latinoamericana y muchos etcéteras. Recuerdo también, no sin vergüenza, que hasta llegué a cuestionar el modo en el que él llevaba a cabo las cosas. Después, no mucho por suerte, comprendí el porqué y hasta lo festejé —lo festejo—.

¿Acaso había —hay— otro modo de pelearle a los poderosos de siempre?

—Disculpe señor Magnetto, ¿podría usted dejar de manipular la información en pos de sus intereses y el de sus patrones?
—Emmm… ¡No!

¿Acaso había —hay— manera de tocar poderosos intereses sin recibir intentos de desestabilización?

—Disculpen señores de la Sociedad Rural, ¿podrían repartir un poco las obscenas ganancias que tienen gracias al usufructo de la tierra, que le pertenece a toda la Nación?
—Emmm… ¡No!

Néstor fue cómo tenía que ir y no de otra manera. Por eso fue condescendiente al principio —¿o se podía hacer otra cosa con solo el 22% de los votos encima?—, y vehemente después. Eso se llama estrategia. Los moralistas sin moral seguro le pondrán otro nombre, pero es estrategia, la única, la necesaria para empezar a limpiar la catástrofe engendrada por el Proceso, por Alfonsín, por Menem y por De la Rúa.

Y en el preciso momento de irse, cansado pero con la satisfacción del deber cumplido, provoca que miles y miles de jóvenes lo despidan soñando. Soñando con eso que en los noventa parecía imposible: un país justo, soberano y libre. Esos mismos jóvenes que antes miraban para otro lado y hoy les dicen a sus padres que dejen de creerle a Clarín, que se saquen la venda de los ojos y miren hacia adelante porque hay futuro.

¿Faltan muchas cosas por hacer todavía? ¡Claro que falta! Pero ahora nos toca a todos nosotros pelear por mantener el rumbo, apoyando a Cristina para lograr que el sueño de millones se convierta en realidad. Eso, solamente eso, es la mejor manera que tenemos para agradecerle a Néstor Kirchner el haber dado la vida por una idea de país que otros nos supieron arrebatar sin que nos diéramos cuenta.

3 comentarios:

  1. Perón decía que hay dos maneras de hacer una Revolución: con el tiempo o con la sangre. Néstor eligió el tiempo, y mucha gente lo ha ido comprendiendo en estos años. Muchas gracias por la reflexión, es muy valiosa y muy honesta. Muy buenos los cuentos, también.
    Un abrazo

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  2. Un peronista que sabe escribir ??? Y usar una computadora ??!!?? Llamen a Ripley !! O a Animal Planet !! Seguro la robaste no ??

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  3. Anonimo 16:04:
    Gracias por tu comentario y por lo de "sabe escribir". Te cuento que la computadora no la robé, pero la compré vendiendo los choripanes que me dieron en cada una de las manifestaciones a las que me llevaron.
    Saludos.

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