jueves, 10 de noviembre de 2011

Pertenecer tiene sus privilegios (y sus costos)




Ya se ha abordado aquí el tema de la anomalía que representa la ciudad de Buenos Aires como "estado autónomo" dentro del contexto de una república federal. No es una provincia, no es un estado cecesionista ni un estado "libre-asociado". Es apenas un municipio demasiado pretencioso.

Hablemos claro, la situación porteña es un contrasentido histórico y constituye la anulación de facto del concepto de federalismo. Recuerdo que una tapa de la revista Barcelona ironizaba sobre las intenciones de la Sociedad Rural diciendo "Hay que retrotraer la situación a 1880" y eso es lo que efectivamente se hizo con la creación de la ciudad autónoma: retrotraer la situación de la ciudad al estado de cosas impuesto por los liberales, desde Rivadavia hasta Sarmiento (y no hablo de calles). Integrar a la ciudad-puerto a la Nación costó una guerra civil, librada entre las fuerzas nacionales bajo el comando de Roca y la presidencia de Avellaneda, y los irregulares porteños, armados y pertrechados por los corsarios británicos, a las órdenes del mitrista Carlos Tejedor. Sólo por la fuerza se pudo poner fin, en aquél tiempo, a semejante distorsión geográfica, política y económica. Dicha integración duró tan sólo 114 años.

Un monumental acto de aparcería política, un vergonzoso toma y daca entre Me*em y Alfonsín, cerró este ciclo. Lo llamamos Pacto de Olivos.

También se ha opinado aquí sobre la pretendida "sofisticación" del electorado porteño, un concepto abiertamente racista que, curiosamente o no, se ha naturalizado en el relato mediático y hasta en la cotidianeidad. El votante porteño se considera mejor, de hecho, que cualquier compatriota suyo de cualquier provincia. Más inteligente, más "fino" en el análisis político que genera su toma de decisiones a la hora de emitir sufragio. Una reverenda estupidez, además de una mentira xenófoba.

El porteño medio podrá considerarse un refinado europeo exiliado en el culo del mundo y rodeado de negros cabecitas que votan por el chori y el vaso de vino. Podrá creer que es un sofisticado árbitro de la política, con altos niveles de información y todo eso. También puede creer en los Reyes Magos. Lo único cierto es que, con la reelección de Mauricio Macri, con un porcentaje altísimo en segunda vuelta, confirmó a todo el país que no es ni refinado ni sofisticado, sino apenas tilingo.

Esa tilinguería tiene costos, claramente. Votar a un millonario inútil para gobernar significó, además de la enormidad de confiar la administración pública a un inepto que sólo puede exhibir retrocesos en los temas principales como la educación y la salud, sino también condonar de manera cómplice el retiro del Estado municipal de la obligación de controlar, fiscalizar e intervenir en las relaciones entre los ciudadanos y el "mercado".

Entre todos los contrasentidos históricos que representa la autonomía porteña, está el hecho de que gobierne en ella un grupo ideológico que representa una corriente de pensamiento que ha causado un genocidio social en los noventa. Aquí en la Argentina, no en Marte. Y que ahora mismo está arrasando Europa. Es decir, los porteño, este mismo año, han elegido ser gobernados por políticas que representan el saqueo, el desempleo masivo, el desguace del Estado y la ley de la selva económica.
Buenos Aires concentra una altísima renta per cápita, pero no produce nada. Y si no capean el desempleo y el caos social, es porque disfruta de las mieles de un Proyecto Nacional que ha puesto al país en una situación de bonanza general. Como un pólipo adherido al cuerpo del país, Buenos Aires sube sin empuje propio y goza de los beneficios del Proyecto del cuál sus votantes han elegido diferenciarse. En una palabra: tilinguería. Claro que esa actitud tiene costos. Y esos costos no se hacen esperar.

Cuando gobierna una ideología para la cuál el bienestar humano tiene interés cero, apenas se rasca la superficie, se nota la descomposición. El "dejar hacer" del estado municipal porteño ante la voracidad de las empresas privadas, rémora evidente de aquél viejo neoliberalismo conservado en formol por el macrismo, mata, perjudica, olvida, pospone. Los ciudadanos están inermes ante el derecho de las bestias ejercido por los grupos empresarios en esa zona liberada que es Buenos Aires. Que se lo pregunten sino al pobre hombre que murió bajo los escombros del edificio de la calle Mitre, derrumbado por la mala praxis de la empresa constuctora que levantaba una torre medianera de por medio. Y a tantas otras víctimas de la ley del más fuerte que rige en la ciudad. No se trató de un desastre natural, sino de la ineficiencia de un estado retirado de sus funciones. Los vecinos del edificio durmieron en la calle y después en los apestosos "refugios" de la ciudad; y lo harán durante bastante tiempo más. Eso sí, Macri y Rodriguez Larreta los acompañaron desde el Twitter.

Resulta bochornoso ver, no sólo la protección cómplice que el Grupo Clarín hace del elenco de inútiles que desgobierna la ciudad (un auténtico aguantadero mediático), sino contemplar cómo un ministro (Montenegro) miente con todos sus dientes para ocultar que NO SE BUSCÓ al hombre que había desaparecido, porque los "técnicos" macristas aseguraban que había peligro de derrumbe, aunque la parte del edificio que no había sufrido el socavamiento de sus cimientos sigue en pie, apesar de una terrible grúa de demolición que no pudo con él. Eso se llama abandono de persona y creo que tiene consecuencias legales.

Los muchachos macristas están habituados a dos cosas, históricamente: mentir y echar culpas hacia otro lado. En este caso, con la muerte de este hombre, sólo queda mentir. Pero quizás estamos todavía a tiempo, Grupo Clarín y Durán Barba mediante, de que sea el Gobierno Nacional el culpable del derrumbe.

De lo que no será culpable el Gobierno Nacional, es de que los porteños hayan votado a semejante inútil, solo para demostrar a todo ese país lleno de negros, http://www.blogger.com/img/blank.gifque ellos son diferentes. Que pertenecen a una elite. Pertenecer tiene sus privilegios, y sus costos.

Lástima que siempre lo pagan los más débiles.

Texto de MP (http://pensando-la-argentina.blogspot.com)

2 comentarios:

  1. Excelente post. Felicitaciones al compañero Paulela por escribirlo y a DDP por colgarlo entre los excelentes cuentos que suele postear. Quisiera comentar algo que ya comenté en el blog de Ricardo:
    Podemos hacer una analogía entre los banqueros y especuladores que Cristina señala acertadamente como "anarcocapitalistas" y nuestros arquitectos. Persiguiendo la máxima ganancia en el menor tiempo posible, ponen en riesgo la salud, la propiedad y la vida ajenas. La misma ambición, el mismo resultado: derrumbes. Edificios o economías, según corresponda.

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