miércoles, 4 de julio de 2007

Allí tápase Menem esa patilla

No sé lo que es un dolor de cabeza. No sé donde está el hígado o la vesícula. Yo creo que todo obedece a no haber tenido auto”, decía el escritor Juan Filloy sobre sus caminatas y su salud de hierro, esa salud que le permitió llegar al año 2000 y convertirse en un “hombre de tres siglos”, tal como él quería.

Siempre con gestos adustos pero sin perder el humor, corrección al hablar y una presencia que dejaba percibir a simple vista su fama de hombre “chapado a la antigua”, Filloy no dejaba sin contestar ninguna pregunta por más que su respuesta fuera políticamente incorrecta. Frases como “en Norteamerica hay 20 millones de putos, hablando rápido y bien” salían de su boca así, sin el más mínimo eufemismo.

Este escritor argentino nació en la provincia de Córdoba el primero de agosto de 1894 y durante sus 106 años de vida, además de escribir 55 libros, fue boxeador, ayudó a fundar el club de fútbol Talleres y el Golf Club de Río Cuarto (deportes que nunca practicó), participó de la Reforma Universitaria de 1918, se recibió de abogado en la Universidad Nacional de Córdoba y más tarde ejerció como magistrado. De ésta época siempre recordaba cuando un senador del primer gobierno peronista quiso que interviniera en un juicio de determinada manera, a lo que él le respondió: "Está equivocado senador, esas cosas no rigen conmigo, y por ello he permanecido en la Justicia".

Dueño de una personalidad muy particular, tituló sus libros con palabras de siete letras “por comodidad y por algo cabalístico también” y al menos uno de ellos se corresponde con una letra diferente del alfabeto. Filloy contó una vez que Optimus Oloop, el meticuloso y ordenado personaje de su novela Op Oloop es un “un 80 por ciento él mismo”, lo que explica de alguna manera estas prácticas y también su aficción a la palindromía o frases capicúas.

Se cree que Juan Filloy escribió cerca de 8.000 palíndromos, muchos de ellos de gran magnitud intelectual como “allí tápase Menem esa patilla” ó “sólo di sol a los ídolos”. “Muy pocos saben que tengo el récord mundial de palindromía”, solía quejarse cuando se le mencionaba el tema.

Si bien Filloy fue casi ignorado por los críticos literarios y su evidente influencia sólo fue admitida por Julio Cortázar, lo cierto es que no le faltaron distinciones: recibió el Gran Premio de Honor de la Sociedad Argentina De Escritores (SADE), fue nombrado Miembro de la Academia Argentina de Letras y Doctor Honoris Causa por la Universidad Nacional de Río Cuarto, recibió el Premio Esteban Echeverría, Gente de Letras y el Premio Trayectoria del Fondo Nacional de las Artes entre otras.

Juan Filloy falleció el 15 de julio de 2000 mientras dormía la siesta. Quería llegar al siglo XXI “aunque sea gateando” solía decir, pero llegó caminando, como a él le gustaba y tras su paso dejó una vasta producción literaria, admirada incluso por el mismísimo Borges.

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