martes, 28 de abril de 2009

Expositrópolis: Capítulo VI.
El Dilema de Gelman



Aún no lograba comprender lo que estaba pasando. Se hallaba en un rincón desconocido, amordazado y con las manos atadas. Apenas podía notar la suciedad de esa espantosa habitación. Pero lo peor no era eso, sino la impotencia que sentía. Tenía mucho calor y no podía abrigarse. Y cuando tuviera frío tampoco podría sacarse la ropa. Además, la máscara le había aplastado el poco gel que le quedaba y por ende, la debilidad se había apoderado de su cuerpo. De pronto, sintió que unos pasos firmes se acercaban hacia él. Gelman esbozó una tímida sonrisa al ver los bigotes hitlerianos pintados con corcho aunque a NazyBoy no le causó la misma gracia.

-Mire Dr. X, usted ha sido secuestrado. Tiene derecho a permanecer en silencio porque todo lo que diga podrá ser utilizado en su contra-

Pero Gelman, ahora escondido tras una máscara calva, intentó explicarle la verdad. Un poco difícil ya que no podía hablar y, contrariamente, sus gestos desesperados fueron malinterpretados por NazyBoy quien, pensando que le había agarrado un ataque de epilepsia, se alejó despacio y lo dejó encerrado nuevamente.

Después de mucho pensar y tras copiarlo de un capitulo de Buffy, llegó a la conclusión. Debía hacer un llamado para avisarle a X-Girl que había descubierto la guarida de sus secuestradores y que lo iba a rescatar. De esa manera, la muchacha se decidió a acudir al rescate junto a él. Nazyboy se haría pasar por héroe rescatando al viejo pelado y podría, finalmente, conquistar el amor de la chica que come zanahoria. Dicho y hecho. Mientras Gelman sufría mirando sus desparejos cordones, Naziboy tomaba su teléfono anatómico-uniforme telipsional con botonera cuadrafónica apretable mediante mutipresión y llevaba adelante su macabro plan.

En otro punto de la gran Expositrópolis, Santicat se encontraba con un muerto que le dio una gran pista: “Si queres Whiskas, deberás mirar los puntos amarillos del gel derramado”. Así siguiendo su instinto gatubelo, un poco debilitado porque le estaba creciendo el pelo, y acompañado de su inseparable Pete decidió emprender la búsqueda. Subidos al Petemóvil, el can exclamó: “Che yo conozco ese gel… es el de Gelman”.

Al llegar a la guarida, Pete y Santicat se encontraron con los otros recién llegados: X-Girl y NazyBoy. “Demonios”, pensó el muchacho nazi y para distraerlos derramó accidentalmente cáscaras de bananas para que los otros se cayeran. Lo que no pensó fue que X-Girl se caería con ellos y, el siempre gentil y amable repartidor de diarios, en su tiempo libre SantiCat, la ayudaría a levantarse. En ese instante se produjo un mágico intercambio de miradas que fue advertido por Nazyboy quien, con garras y pezuñas, se lanzó al ataque. La lucha era feroz.

Pete, aprovechando la bataola, se metió en la casa para rescatar a su amo, pero no sabía que otro canino iba a tratar de impedírselo. Se trataba de NoziDog, la fiel mascota del secuestrador. Ambos se quedaron estupefactos, cada uno en los extremos de un pasillo, intercambiaron miradas de odio.

De repente, a Pete se le prendió la lamparita y señalando hacia fuera, le dijo a su enemigo. “me pareció a ver visto un lindo comunista”, a lo que NaziDog salió corriendo en esa dirección. Entonces, el inteligente perro amigo del bien, abrió la puerta de la habitación donde se encontraba Gelman.

A todo esto, Santicat y Nazyboy seguían peleando hasta que en un preciso instante ambos chocaron sus cabezas y cayeron desmayados. X-Girl, espectadora privilegiada del sangriento pugilato sostuvo: “bah, ¿esperar tanto para esto? y emprendió su retirada al ver que una galleta Melba gigante se aproximaba hacia ella.

Una vez afuera, Pete desató a Gelman y le quitó la máscara. Acto seguido, puso al debilitado héroe en el Petemóvil y sin importarle que Santicat estuviera tirado en el suelo, condujo velozmente hasta la Gelguarida, donde se bañaría, secaría y aplicaría una fuerte dosis de Gel a su dueño para que éste recupere toda su fortaleza.

Mientras tanto, Santicat abrió sus ojos y notó que Nazyboy seguía en el piso inconsciente. Ya no estaba X-Girl y ni siquiera su amigo Pete, quien en ataque de celos lo había abandonado. Pero pasó lo que nadie suponía que iba a pasar: a su lado, cuidándolo, estaba Nazydog.

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