martes, 15 de diciembre de 2009

Ensayo sobre el cagar



El simple acto de expulsar del organismo aquellos residuos que el aparato digestivo ha catalogado como inservibles merece un análisis mucho más exhaustivo de lo que el ambiente médico y/o científico se ha encargado de realizar hasta el momento. Defecar, o cagar –puesto en la boca del pueblo-, es un placer que el marketing recién ha empezado a explotar, ofreciendo yogures que combaten el tránsito lento, eufemismo que roza lo ridículo, pero que sin embargo suena muy bien en boca de Pancho Ibáñez.

Antes, cuando uno escuchaba “tránsito lento” inmediatamente se imaginaba la ruta Panamericana llena de autos detenidos, unos pegados a otros, inmersos en una envolvente nube de bocinazos. En cambio ahora, al escuchar esta bendita perífrasis uno ve a una mujer (parece ser que los hombres no sufren de vientre seco) agarrándose la panza porque no puede ir al baño. Los más escatológicos –e imaginativos- llegan a ver un aparato digestivo cuyos intestinos están taponados por una masa amorfa y resquebrajada de color marrón.

Más allá de los términos que se utilicen, ir al baño es para muchos, además de una necesidad fisiológica, un placer. Sexólogos afirman que el punto G del hombre se encuentra en el recto, a unos cinco centímetros del esfínter, justamente por donde pasa la materia fecal antes de conocer la luz. De su consistencia dependerá el grado de presión que ejercerá sobre la próstata. Esta presión es la que provoca el placer que ha llevado a muchos hombres a improvisar con verduras, adminículos plásticos e incluso palos de golf con tal de repetir la experiencia que natura provee pero sólo a razón de –con suerte- una vez por día.

Para algunos, el placer no es necesariamente físico. Hay gente que invierte entre 40 y 60 minutos en cada sesión evacuatoria, por lo que diversas actividades se realizan paralelamente para aprovechar ese tiempo que de otra manera estaría desperdiciado. Unos optan por leer un libro (incluso hay personas que han leído las obras completas de Freud en tan sólo un par de meses), otros prefieren ver videos porno en sus celulares, y otros –los menos-, eligen tejerse un pullover para el invierno.

Muchas personas se preguntan cómo es posible que alguien soporte el olor al estar tanto tiempo en el baño. Muy simple. Para el que caga su olor no es un problema. Es más, para algunos, incluso, es hasta un olor agradable que recién se transforma en insoportable al mezclarlo con esos aerosoles con aromas tan estúpidos como “brisa de campo”, “aire de la montaña”, etcétera.

Había una publicidad de un niño que le pedía ir al baño a su mamá, pero cuando ésta lo quería llevar, el pequeño decía que quería ir al baño de Carlitos. Según la publicidad, Carlitos usaba un lindo desodorante. Pero la realidad es bastante diferente. Todo ser humano prefiere hacer caca en su casa y no en otra. Solamente se recurre a otro inodoro en casos de fuerza mayor, como puede ser la incontinencia, estar en un vuelo rumbo a China, o haber comido una paella en el patio de comidas de un shopping luego de haber pagado la entrada del cine para después del almuerzo/cena.

Cabe mencionar algunas curiosidades antes de terminar.
1. En Bolivia, por ejemplo, hay carteles en las calles donde expresan la prohibición de defecar en la vía pública. Según parece, “las cholas” no tienen tiempo para ir hasta sus casas y así como quien se acomoda el pelo detrás de la oreja, ellas se bajan la bombacha y a otra cosa.
2. En Estados Unidos y Europa no existe el bidet, por lo que la gente del primer mundo deposita en el papel higiénico todas sus expectativas de limpieza anal.
3. Existe una pastilla que tomada regularmente hace que la caca deje de tener mal olor y –encima- adquiera cierto perfume

En fin, en épocas de crisis económica, aumento del desempleo, surgimiento de las Electrostars y otros pesares, la búsqueda de placeres, por más nimios que sean, es una constante en la vida del ser humano. Y el cagar es un placer repleto de beneficios: es gratis, no se necesita a otra persona, se puede hacer paralelamente a otra cosa (también placentera) y viene con la periodicidad justa –un día o dos- como para que no se transforme en un hábito rutinario.

4 comentarios:

  1. Estimado Sr. Autor: me voy de viaje con una señorita que conocí hace poco. Necesito me informe el nombre de la pastillita desodorante que usted menciona.
    Chas gracias.

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  2. Estimado viajante con señorita: la pastilla en cuestión se vende en el extranjero, por lo que deseo que en su destino la ofrezcan. Puede encontrar más información en este link: www.takeawhiff.com. Saludos cordiales.

    PD: Yo mi olor a caca no lo cambio por nada del mundo.

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  3. Es Genial!!!! hacia tiempo no me hacian reir de la manera en que lo ha hecho Ud. Muchas Gracias.

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  4. Adhiero al comentario de José Luis: Me hizo cagar de risa!!!

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