miércoles, 1 de septiembre de 2010

Kirchner, Clarín, la guerra y nosotros



No es joda que en estos días –o meses-, en nuestro país, se está librando la madre de todas las batallas. De un lado el kirchnerismo, representando al Estado –y a sus propios intereses, vale mencionar-, y del otro el Grupo Clarín, representando a las corporaciones y el poder económico. Y en el medio, como siempre, nosotros. Los pobres, la clase media, los trabajadores, los que no tienen trabajo, los estudiantes, los que no tienen la posibilidad de estudiar, los que tienen algunos ahorritos, los que no pueden ahorrar, los que pagan los impuestos, los que no tienen, siquiera, impuestos para pagar, etcétera.

Voy a dejar de lado la autoridad moral del kirchnerismo, no por mero capricho, sino porque no viene a cuento de lo que quiero decir, pero que sin dudas cuestiono, sobre todo por socavar sus propios logros con acciones que, cuanto menos, son dignas de investigación y que, por otra parte, sirven de alimento para esas larvas que hoy por hoy ostentan lugares de cierto poder en el Congreso. Sin estas acciones, la obtusa oposición no tendría argumentos y su cipayismo recalcitrante y servil comportamiento frente a los grupos que, década tras década, vienen vendiendo el país, quedaría aún más al descubierto.

Tampoco voy a resaltar los logros del kirchnerismo, que son muchos –aquel que no los quiera reconocer que lea los títulos de Clarín entre el 2003 y 2006, por citar un ejemplo-, aunque todavía insuficientes dada la pesada herencia recibida de parte de los gobiernos de De la Rúa, Menem, Alfonsín y la dictadura militar, sin mencionar la crisis mundial del capitalismo salvaje.

Pero volviendo al tema de la guerra, es la primera vez en mi vida que veo a un grupo de poder tan preocupadamente expuesto. Tanto es así que no teme jugarse lo que debería ser su mayor activo; sea cual fuere el resultado de esta guerra, hay una que el Grupo Clarín habrá perdido: la de la credibilidad. Sólo seguirán comprando sus noticias los costumbristas y la cada vez más pequeña masa de gente que cree que defiende su derecho a elegir saliendo a manifestarse a favor de una empresa que le provee un servicio de internet cuestionable, de alto costo y usufructuando una licencia de dudosa legitimidad.

Algo similar sucedió con la estatización de las AFJP (multimillonario regalo que el gobierno de Menem le hizo a la banca internacional): un puñado de personas manifestando su derecho a elegir quien quiere que los estafe. Lo paradójico de esto es que los diputados que votaron en contra de ese proyecto de estatización, son los mismos que votaron a favor del 82 por cuento móvil para los jubilados, como Francisco de Narváez, por citar un caso. Tamaña caradurez contradictoria jamás fue reflejada en las páginas del gran diario argentino.

No obstante esto, y otros miles de casos de manipulación de información, Clarín alega defender la libertad de expresión y dice pertenecer a la prensa independiente. La indignación le deja paso a la risa. ¿Puede haber libertad de expresión cuando un grupo ostenta más del 80% del espectro de divulgación de información en un país? No. Prensa independiente… ¿independiente de qué? ¿Del Gobierno? Depende la coyuntura, sólo basta hacer un poco de historia. ¿Del poder económico? No, sin dudas. Entonces, de independiente nada, salvo que hubiera alguna identificación con el equipo de Avellaneda todavía no declarada.

Se sabe que las guerras son sucias, y ésta no es la excepción. Así como el gobierno hace las cosas correctas por los motivos equivocados, del otro lado le responden con tendenciosidad, con mentiras, con ocultaciones durante las 24 horas del día. Por mencionar sólo dos casos: 1) citan a la Sociedad Interamericana de Prensa (SIP) sin aclarar que quienes la componen son… ¡ellos mismos! y otros dueños de grandes diarios interamericanos; 2) en el conflicto con el llamado “campo”, nunca aclararon que el grupo tiene… ¡negocios agrícola-ganaderos! Para muestra basta un botón.

En fin, decía que se estaba librando la madre de todas las batallas. De un lado un gobierno que hace cosas bien y cosas mal y del otro, un grupo económico que informa según sus conveniencias. Ninguno de los dos bandos son tan buenos como para ponernos de su lado, pero hay una cuestión que es de vital importancia: a los gobiernos, mal o bien, los ponemos nosotros, en cambio los grupos económicos persisten y pasan por su maquinita a los políticos que vienen con código de barras, en claro detrimento de los intereses nacionales y populares, intereses que en definitiva, si son defendidos por el pueblo, derivarán en la construcción de un gran país, libre y justo para todos, no sólo para algunos. Defendamos nuestras cosas, porque para defender a sus empresas ya están ellos, y no van a dudar en usar todo el poder y todo el dinero que tienen. Ya quedó demostrado.

1 comentario:

  1. Clarisimo! Se espera el proximo capitulo de "La realidad politica para el ciudadano comun!"
    "La desubicada"

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